Hay decisiones que parecen pequeñas hasta que descubrimos que pueden acompañarnos durante diez, doce o incluso quince años. Elegir un perro es una de ellas.
A veces todo comienza con una fotografía. Unos ojos enormes, unas orejas irresistibles, un pelaje que parece diseñado para ser acariciado. Tal vez vimos determinada raza en una película, en casa de un amigo o caminando orgullosamente por un parque y pensamos: “Ese es el perro que quiero”.
Pero convivir con un perro es mucho más que enamorarse de su apariencia.
Detrás de cada raza existe una historia, una tendencia de comportamiento, determinadas necesidades de ejercicio, cuidados particulares, capacidades físicas y una forma característica de relacionarse con el mundo. Por eso, elegir la raza adecuada no consiste únicamente en preguntarnos qué perro nos gusta, sino en hacernos una pregunta mucho más importante:
¿Qué perro puede ser feliz viviendo la vida que realmente puedo ofrecerle?
Cuando encontramos esa compatibilidad, comienza una de las relaciones más extraordinarias que puede experimentar una persona.
Primero debes conocer tu propia vida
Antes de estudiar razas, tamaños o tipos de pelaje, conviene realizar un pequeño ejercicio de sinceridad.
¿Cómo es tu rutina diaria?
¿Pasas muchas horas fuera de casa? ¿Te gusta caminar? ¿Practicas actividades al aire libre? ¿Prefieres tardes tranquilas frente al televisor? ¿Vives en un departamento o en una casa con patio? ¿Hay niños pequeños? ¿Conviven otros animales contigo?
Cada una de estas respuestas ayuda a dibujar el perfil del compañero que mejor podría adaptarse a tu hogar.
Una persona amante de largas caminatas puede encontrar un maravilloso compañero en un perro activo. En cambio, alguien con una rutina más sedentaria probablemente disfrutará mucho más la convivencia con un animal de necesidades físicas moderadas.
No existe un perro universalmente perfecto.
Existe, en cambio, un perro adecuado para determinado estilo de vida.
Y comprender esta diferencia puede evitar muchos problemas futuros.
El tamaño importa, pero no de la manera que imaginamos
Existe una idea bastante extendida: perro pequeño para departamento, perro grande para casa con patio.
La realidad es mucho más interesante.
Algunos perros grandes pueden ser sorprendentemente tranquilos dentro del hogar si reciben ejercicio suficiente. Al mismo tiempo, ciertas razas pequeñas poseen una energía extraordinaria y necesitan actividad, juegos y estímulos frecuentes.
Por eso el tamaño no debería ser el único criterio.
Un Jack Russell Terrier, por ejemplo, puede ser pequeño físicamente, pero su energía parece caber con dificultad dentro de su diminuto cuerpo. Fue desarrollado históricamente como perro de trabajo y conserva un fuerte impulso por investigar, correr y mantenerse ocupado.
Un Gran Danés, en cambio, pese a su impresionante tamaño, puede mostrar un comportamiento considerablemente tranquilo dentro de casa cuando sus necesidades están correctamente atendidas.
Por supuesto, los perros grandes requieren más espacio físico para moverse cómodamente y también implican mayores gastos en alimentación, camas, medicamentos y otros cuidados.
El tamaño cuenta.
Pero el nivel de energía suele importar todavía más.
¿Deportista o amante del sofá?
Este quizá sea uno de los factores fundamentales.
Algunas razas fueron desarrolladas durante generaciones para trabajar durante horas. Pastorear animales, acompañar cazadores, proteger propiedades, tirar de cargas o realizar distintas tareas.
Ese pasado continúa respirando dentro de muchos perros actuales.
El Border Collie, por ejemplo, es famoso por su inteligencia y capacidad de trabajo. Sin embargo, precisamente esas virtudes pueden convertirse en un desafío para una familia que no tenga tiempo suficiente para proporcionarle ejercicio y estimulación mental.
Los perros de alta energía necesitan algo más que unos minutos en el patio.
Necesitan caminar, explorar, aprender, jugar y utilizar su mente.
Otras razas presentan un ritmo de vida considerablemente más tranquilo y pueden adaptarse mejor a hogares donde predominan los paseos moderados y las tardes relajadas.
Antes de elegir, pregúntate:
¿Cuánto ejercicio estoy realmente dispuesto a ofrecer todos los días durante los próximos años?
No respondas pensando en la persona que quieres ser.
Responde pensando en la persona que eres.
Esa sinceridad será un regalo para tu futuro perro.
El espacio disponible también cuenta
Tener un patio grande puede ser maravilloso, pero existe un mito que conviene derribar: un patio no sustituye los paseos.
Los perros necesitan descubrir el mundo.
Durante una caminata encuentran olores desconocidos, escuchan sonidos diferentes, observan personas, exploran territorios y reciben estímulos que enriquecen profundamente su vida.
Para un perro, olfatear una esquina puede contener tanta información como leer varias páginas de un periódico para nosotros.
Por eso una persona que vive en un departamento puede ofrecer una vida magnífica a determinados perros si mantiene una rutina adecuada de paseos, ejercicio y compañía.
Del mismo modo, un perro puede vivir en una propiedad enorme y sentirse aburrido si pasa sus días solo en el patio.
El verdadero espacio que necesita un perro no se mide únicamente en metros cuadrados.
También se mide en tiempo, atención y experiencias compartidas.
Familias con niños: más allá de la fama de una raza
Cuando existen niños en el hogar, muchas personas buscan inmediatamente listas de “las mejores razas para familias”.
Estas clasificaciones pueden servir como referencia general, pero nunca deberían considerarse garantías absolutas. Cada perro es un individuo.
La genética influye en su comportamiento, pero también intervienen la socialización, las experiencias tempranas, la educación, el ambiente y la forma en que las personas interactúan con él.
Algunas razas, como el Labrador Retriever o el Golden Retriever, son conocidas por su sociabilidad y carácter familiar. Sin embargo, incluso un perro tradicionalmente considerado amable necesita educación, límites y experiencias positivas.
Del mismo modo, los niños deben aprender a respetar al animal.
Un perro no debería ser tratado como un juguete.
Necesita descansar sin ser molestado, comer tranquilamente y disponer de un espacio donde pueda retirarse cuando quiera estar solo.
La mejor convivencia nace cuando educamos tanto al perro como a los seres humanos que vivirán con él.
¿Cuánto tiempo puedes dedicar al cuidado del pelaje?
Los perros también requieren mantenimiento.
Algunas razas poseen un pelaje relativamente sencillo de cuidar, mientras que otras necesitan cepillados frecuentes, baños específicos, visitas periódicas a profesionales de peluquería canina y una vigilancia constante para evitar nudos.
Un Caniche o Poodle, por ejemplo, puede requerir cuidados periódicos del manto.
Los perros de pelo largo pueden necesitar cepillados frecuentes.
Otras razas mudan considerablemente durante determinadas épocas del año.
Por eso, antes de enamorarte de una espectacular melena canina, piensa también en el cepillo que probablemente tendrás entre las manos varias veces por semana.
Ese hermoso pelaje no se mantiene solo.
Perros guardianes, cazadores, pastores y compañeros
La historia de cada raza puede ayudarnos enormemente a comprenderla.
Los perros fueron seleccionados durante generaciones para realizar determinados trabajos.
Los pastores suelen tener gran capacidad para observar movimientos y responder rápidamente a estímulos.
Los retrievers fueron desarrollados para colaborar estrechamente con las personas y recuperar piezas durante actividades de caza.
Los terriers fueron utilizados para perseguir pequeños animales, lo que explica la intensidad y determinación que todavía encontramos en muchos de ellos.
Los perros guardianes pueden mostrar una tendencia mayor hacia la vigilancia del territorio.
Comprender estas raíces no significa afirmar que todos los individuos actuarán exactamente de la misma manera.
Significa reconocer que algunas tendencias poseen una poderosa historia detrás.
Cuando conocemos esa historia dejamos de preguntarnos:
“¿Por qué mi perro hace esto?”
Y comenzamos a comprender:
“Tal vez fue seleccionado durante generaciones precisamente para hacerlo”.
La inteligencia también puede convertirse en un desafío
Muchas personas desean “el perro más inteligente”.
Pero pocas se preguntan qué significa convivir con uno.
Un perro extremadamente inteligente aprende rápidamente nuestras enseñanzas.
También aprende rápidamente nuestras incoherencias.
Puede descubrir cómo abrir una puerta, encontrar comida escondida o interpretar pequeños gestos humanos que nosotros ni siquiera sabíamos que realizábamos.
Las razas muy inteligentes suelen necesitar estimulación mental frecuente.
Juegos de olfato, aprendizaje de habilidades, exploración y actividades variadas pueden resultar fundamentales.
La inteligencia canina es maravillosa.
Pero también exige participación.
Un cerebro brillante que permanece aburrido terminará buscando su propio entretenimiento.
Y es posible que sus ideas no coincidan exactamente con nuestra decoración.
También debemos pensar en nuestra economía
El amor no tiene precio, pero cuidar correctamente a un perro sí tiene un costo.
Alimentación, vacunas, consultas veterinarias, prevención de parásitos, accesorios, entrenamiento, higiene y posibles tratamientos médicos forman parte de la responsabilidad.
Los perros grandes suelen consumir mayores cantidades de alimento y determinadas medicaciones veterinarias también pueden tener costos relacionados con el peso.
Algunas razas presentan además predisposiciones conocidas hacia determinadas enfermedades.
Por eso, antes de adoptar o adquirir un perro de raza, conviene investigar seriamente sus posibles problemas de salud y conversar con profesionales veterinarios.
Elegir responsablemente significa pensar no solamente en el cachorro que tendremos hoy.
También significa imaginar al perro adulto y, algún día, al compañero anciano que necesitará todavía más de nosotros.
¿Cachorro o perro adulto?
Existe algo casi imposible de resistir en un cachorro.
Sus movimientos torpes, su curiosidad infinita y esa capacidad extraordinaria para dormir profundamente después de convertir una habitación completa en territorio de exploración.
Pero criar un cachorro exige tiempo.
Necesita aprender dónde hacer sus necesidades, cómo relacionarse con personas y animales, qué puede morder, cómo caminar con correa y cómo comportarse dentro del hogar.
Un perro adulto puede ser una magnífica alternativa.
En muchos casos su personalidad ya resulta más fácil de observar y su nivel de energía está mejor definido.
Además, adoptar un perro adulto significa ofrecer una nueva oportunidad a un animal que quizás lleva tiempo esperando una familia.
Y algunas de las historias de amor más hermosas comienzan precisamente así: no con un cachorro elegido por su apariencia, sino con dos vidas que inesperadamente se encuentran.
¿Y los perros mestizos?
Hablar de razas no debería hacernos olvidar a millones de perros extraordinarios que no pertenecen a ninguna en particular.
Los perros mestizos pueden convertirse en compañeros maravillosos.
Su personalidad, tamaño adulto estimado, nivel de energía y necesidades pueden evaluarse individualmente para determinar si encajan dentro de una determinada familia.
En refugios y organizaciones de rescate existen perros jóvenes, adultos, pequeños, grandes, tranquilos y activos esperando una oportunidad.
En ocasiones creemos que estamos buscando una raza.
Y terminamos encontrando simplemente un perro.
Uno que nos mira durante algunos segundos y consigue derribar todas las listas que habíamos preparado.
Nunca elijas únicamente por moda
Cada cierto tiempo determinadas razas se vuelven extraordinariamente populares gracias al cine, las redes sociales o las celebridades.
Las fotografías pueden despertar admiración.
Pero detrás de cada fotografía existe un animal real.
Un Husky Siberiano no es solamente esos impresionantes ojos que conquistan las redes sociales. Es también un perro atlético, activo y con necesidades importantes.
Un Border Collie no es únicamente una demostración espectacular de inteligencia. Es un trabajador incansable que necesita utilizar esa mente.
Un perro nunca debería convertirse en un accesorio destinado a representar un estilo de vida.
Porque cuando la moda desaparezca, él seguirá esperando junto a la puerta.
Esperando su paseo, su comida, su juego.
Y, sobre todo, nuestra compañía.
Investiga antes de decidir
Si determinada raza te interesa, intenta conocer ejemplares adultos.
Habla con veterinarios, educadores caninos y personas que hayan convivido durante años con esa raza.
Pregunta también por las dificultades.
Las virtudes aparecen fácilmente en fotografías y publicaciones.
Los desafíos son los que necesitamos conocer antes de tomar una decisión.
Investiga sobre:
nivel de actividad;
tamaño adulto;
necesidades de entrenamiento;
mantenimiento del pelaje;
convivencia con niños y otros animales;
tendencia a ladrar;
posibles problemas de salud;
necesidad de estimulación mental;
tolerancia al clima de tu región;
expectativa general de cuidados durante toda su vida.
Cuanto más sepamos antes de abrir nuestra puerta, más preparados estaremos para mantenerla abierta durante toda su vida.
El mejor perro no es necesariamente el más hermoso
Quizás esta sea la idea más importante.
Elegir un perro no debería consistir en buscar cuál combina mejor con nuestra casa, nuestras fotografías o nuestra imaginación.
Debería consistir en buscar una criatura cuya naturaleza podamos comprender y respetar.
El perro adecuado será aquel al que podamos ofrecer el ejercicio que necesita, los cuidados que merece, la educación que requiere y la compañía que espera.
Tal vez sea pequeño.
Tal vez enorme.
Quizás tenga pedigrí.
Quizás haya nacido sin que nadie conozca exactamente quiénes fueron sus padres.
Al final, aquello que determinará la profundidad de vuestra relación no será el nombre escrito junto a la palabra “raza”.
Será todo lo vivido juntos.
Reflexión final: elegir con los ojos, decidir con el corazón y la razón
Existe un instante profundamente especial cuando un perro entra por primera vez en nuestra casa.
Camina con cierta cautela. Olfatea las habitaciones. Observa los movimientos de quienes serán su nueva familia.
Todavía no sabe que aquella será su cama.
Que esa puerta será la que escuchará abrirse cuando regresemos.
Que conocerá nuestros mejores días y también algunos de los peores.
Que celebrará nuestro regreso aunque solamente hayamos salido durante unos minutos.
Por eso elegir un perro merece tiempo.
No estamos seleccionando una mascota para una temporada.
Estamos invitando a un ser vivo a compartir una parte considerable de nuestra historia.
Podemos investigar tamaños, temperamentos, niveles de energía y características de cada raza. Debemos hacerlo.
Pero existe una verdad que ninguna ficha técnica puede expresar completamente.
Cuando elegimos bien, un perro deja rápidamente de ser “el perro que adoptamos” o “la raza que queríamos”.
Se convierte simplemente en nuestro perro. Nuestro compañero de caminatas, el guardián silencioso de nuestras rutinas y por supuesto el testigo de nuestros días.
Y quizá, con el paso de los años, descubramos algo todavía más hermoso: mientras nosotros creíamos estar buscando al perro adecuado para nuestra vida, aquel pequeño compañero estaba transformando lentamente nuestra manera de vivirla.
El presente artículo es meramente informativo. Siempre consulte a un experto veterinario

Perritos mimosos en Facebook @
No hay comentarios:
Publicar un comentario