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jueves, 26 de marzo de 2026

Artritis, cambios cognitivos y dietas especiales

Comprender los desafíos de los perros mayores

A medida que los perros envejecen, su cuerpo comienza a experimentar cambios naturales. Algunos son casi imperceptibles al principio, mientras que otros aparecen poco a poco hasta modificar su rutina diaria. Entre los desafíos más comunes se encuentran la artritis, el deterioro cognitivo y la necesidad de adaptar la alimentación. Conocer estos procesos nos permite actuar a tiempo y ofrecerles una mejor calidad de vida.

La artritis es una de las enfermedades más frecuentes en perros de edad avanzada. Consiste en la inflamación y desgaste progresivo de las articulaciones, lo que provoca dolor y pérdida de movilidad. Muchas veces los síntomas aparecen de forma gradual. El perro tarda más en levantarse después de dormir, evita subir escaleras, ya no salta al sofá o reduce el tiempo de juego durante los paseos.

Aunque la artritis no tiene una cura definitiva, existen muchas formas de aliviar sus efectos. Mantener un peso adecuado reduce la carga sobre las articulaciones. El ejercicio moderado ayuda a conservar la musculatura que las sostiene, mientras que algunos suplementos nutricionales y tratamientos indicados por el veterinario pueden disminuir el dolor y mejorar la movilidad.

Otro aspecto que suele pasar desapercibido son los cambios cognitivos. Al igual que ocurre en las personas mayores, algunos perros experimentan un deterioro gradual de sus funciones cerebrales. Pueden mostrarse desorientados, olvidar rutinas conocidas, dormir durante el día y permanecer despiertos por la noche, o quedarse mirando fijamente una pared sin motivo aparente.

Estos cambios no significan necesariamente que el perro haya perdido su personalidad. Muchas veces siguen disfrutando de la compañía de su familia y responden positivamente al cariño y a las rutinas estables. Mantener horarios regulares para las comidas, los paseos y el descanso les proporciona seguridad y reduce la confusión.

Los juegos de estimulación mental también son grandes aliados. Esconder premios para que los busquen con el olfato, utilizar juguetes interactivos o enseñar pequeños ejercicios adaptados a su edad ayuda a mantener activo el cerebro. La mente, igual que los músculos, necesita ejercitarse.

La alimentación ocupa un lugar central durante esta etapa. Los perros mayores suelen beneficiarse de dietas especialmente formuladas para sus nuevas necesidades. Estas incluyen proteínas de alta calidad para conservar la masa muscular, niveles adecuados de grasa para evitar el sobrepeso y nutrientes que favorecen la salud cerebral, como los ácidos grasos omega-3 y ciertos antioxidantes.

También es importante controlar la hidratación. Algunos perros ancianos beben menos agua de la que necesitan, por lo que ofrecer agua fresca varias veces al día y complementar la dieta con alimentos húmedos, cuando el veterinario lo considere apropiado, puede resultar beneficioso.

No todos los perros mayores desarrollarán artritis o cambios cognitivos importantes. Cada animal envejece de manera diferente, influido por su genética, su alimentación, su estilo de vida y los cuidados recibidos a lo largo de los años. Precisamente por eso, la observación diaria es una de las herramientas más valiosas que tiene cualquier dueño.

Si notas cambios persistentes en el comportamiento, dificultad para caminar, pérdida de apetito o desorientación, una consulta veterinaria permitirá identificar la causa y establecer el tratamiento más adecuado.

Envejecer forma parte del ciclo natural de la vida. Nuestros perros no dejan de disfrutar porque sus pasos sean más lentos o porque necesiten algunos cuidados adicionales. Siguen encontrando felicidad en un paseo tranquilo, en una cama cómoda, en una comida preparada con cariño y, sobre todo, en la presencia de quienes aman.

Cada cana en su hocico representa años de lealtad, juegos y momentos compartidos. Por eso, cuando llegan la artritis, los cambios cognitivos o las nuevas necesidades alimenticias, no debemos ver únicamente los desafíos, sino también la oportunidad de devolverles un poco de todo el amor que nos regalaron.

Acompañar a un perro durante su vejez es uno de los actos de gratitud más hermosos que existen. Es demostrarle, con cada cuidado y cada caricia, que el vínculo construido durante tantos años permanece intacto. Y para ellos, ese cariño sigue siendo el mejor remedio de todos.






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miércoles, 25 de junio de 2025

Alimentos Prohibidos: Los peligros ocultos en tu cocina

La cocina suele ser el corazón de la casa. Allí se mezclan aromas, conversaciones, recetas familiares y pequeños momentos cotidianos que terminan convirtiéndose en recuerdos. Y casi siempre, mientras alguien cocina o abre la heladera, hay un perro observando atentamente desde algún rincón. Con esa mirada tierna, llena de paciencia y esperanza, esperando que “accidentalmente” caiga algo al piso o que una mano generosa le regale un pequeño bocado. Porque para ellos, compartir comida también es una forma de compartir amor.

Y justamente allí aparece uno de los peligros más silenciosos para nuestras mascotas. Muchos alimentos que para nosotros son completamente normales pueden ser extremadamente tóxicos para los perros. Algunos provocan malestares leves, otros generan daños graves y ciertos ingredientes, incluso en pequeñas cantidades, pueden poner en riesgo la vida del animal. Lo más preocupante es que muchas personas no lo saben. Creen que si algo es sano para los humanos, también debe serlo para sus perros. Pero el cuerpo canino funciona de manera muy diferente al nuestro.

EL CHOCOLATE

El ejemplo más conocido probablemente sea el chocolate. Prácticamente todos escuchamos alguna vez que los perros no deben comerlo. Sin embargo, no todos comprenden el motivo real. El chocolate contiene teobromina y cafeína, sustancias que los perros metabolizan muy lentamente. Mientras más oscuro y puro sea el chocolate, más peligroso resulta. Un pequeño trozo puede causar vómitos, diarrea, agitación, jadeos excesivos, temblores y problemas cardíacos. En cantidades grandes, puede ser mortal. Y aunque parezca increíble, cada año miles de perros llegan a clínicas veterinarias después de haber encontrado chocolates olvidados sobre una mesa o escondidos dentro de mochilas y cajones.

Pero el chocolate no es el único enemigo escondido en la cocina. Las uvas y las pasas representan uno de los riesgos más traicioneros. Todavía hoy no se comprende exactamente qué sustancia provoca el daño, pero sí se sabe que pueden causar insuficiencia renal aguda en algunos perros. Y lo más inquietante es que no existe una cantidad “segura”. Algunos perros reaccionan gravemente después de comer muy poco. Otros parecen tolerarlas. Ese carácter impredecible las convierte en un alimento extremadamente peligroso. Muchas personas ofrecen uvas creyendo que son una fruta saludable, sin imaginar el riesgo que representan.

CEBOLLA Y AJO

La cebolla y el ajo también merecen especial atención. Ya sea crudos, cocidos, fritos o en polvo, contienen compuestos capaces de destruir los glóbulos rojos del perro, provocando anemia. Y aquí aparece otro problema frecuente: muchas veces no damos cebolla directamente, pero sí alimentos preparados que la contienen. Restos de pizza, salsas, sopas o carne condimentada pueden parecer un premio inocente, pero esconden ingredientes peligrosos. El perro quizá mueva la cola feliz mientras recibe ese “gustito”, sin que nadie imagine el daño silencioso que podría estar generándose en su organismo.

Y luego está el xilitol, un nombre que muchas personas jamás escucharon, pero que se encuentra presente en una enorme cantidad de productos modernos. Este edulcorante artificial aparece en chicles, caramelos sin azúcar, mantequilla de maní light, productos dietéticos, pastas dentales y hasta algunos medicamentos. Para los humanos es seguro, pero para los perros resulta extremadamente tóxico. Puede provocar una liberación masiva de insulina, causando una caída brusca del azúcar en sangre. Los síntomas pueden aparecer muy rápido: debilidad, vómitos, desorientación, convulsiones e incluso falla hepática. Lo más alarmante es que muchos perros se intoxican porque encuentran un paquete de chicles dentro de una mochila o porque alguien comparte un alimento “sin azúcar” pensando que es más saludable.

También existen otros peligros que suelen pasar desapercibidos. El aguacate, por ejemplo, contiene persina, una sustancia que puede provocar problemas digestivos en algunas mascotas. Las nueces de macadamia generan debilidad, vómitos y temblores. El alcohol, incluso en pequeñas cantidades, afecta gravemente el sistema nervioso de un perro. La cafeína puede acelerar peligrosamente el corazón. Y los huesos cocidos, aunque parezcan tradicionales y naturales, pueden astillarse y causar obstrucciones o perforaciones internas.

Hay algo curioso en todo esto: muchas intoxicaciones ocurren precisamente en momentos felices. Reuniones familiares, cumpleaños, fiestas o tardes de cocina. Un invitado ofrece comida “con cariño”, un niño comparte su merienda o alguien deja una bandeja al alcance del perro por apenas unos minutos. Y como los perros son rápidos, curiosos y oportunistas por naturaleza, el accidente ocurre antes de que alguien pueda reaccionar.

Por eso, más que vivir con miedo, lo importante es aprender a prevenir. La prevención salva vidas. Mantener ciertos alimentos fuera de alcance parece algo obvio, pero en la práctica muchas veces lo olvidamos. Los perros tienen una habilidad sorprendente para alcanzar lugares impensados cuando sienten olor a comida. Algunos abren puertas, otros se suben a sillas y algunos incluso aprenden a abrir recipientes.

También es importante enseñar a toda la familia sobre estos riesgos. Muchas intoxicaciones ocurren porque alguien simplemente no sabía. Y no se trata de culpar, sino de informar. Cuando conocemos los peligros, podemos actuar con responsabilidad. Un perro depende completamente de nosotros para mantenerse seguro.

Y aquí aparece otro punto importante: no todos los síntomas de intoxicación son inmediatos. A veces un perro parece estar bien durante varias horas antes de comenzar a mostrar señales de alarma. Los síntomas pueden incluir vómitos, diarrea, jadeo excesivo, temblores, debilidad, desorientación, salivación abundante o cambios repentinos de comportamiento. En algunos casos, la situación avanza muy rápido. Por eso, ante la sospecha de que un perro consumió algo peligroso, siempre es mejor contactar al veterinario lo antes posible.

Muchas personas buscan remedios caseros o consejos rápidos en internet, pero cada intoxicación es diferente. Lo que sirve en un caso puede empeorar otro. Algunos alimentos requieren inducir el vómito rápidamente, mientras que en otros eso puede ser peligroso. Por eso, la orientación profesional siempre es la mejor opción.

Sin embargo, tampoco se trata de convertir la vida cotidiana en una lista interminable de prohibiciones. Compartir momentos con un perro sigue siendo una de las experiencias más lindas y simples de la vida. Ellos nos acompañan mientras cocinamos, descansan cerca de la mesa y observan cada movimiento como si participaran silenciosamente de la escena familiar. Y aunque no puedan comer todo lo que nosotros comemos, existen muchísimas opciones seguras para consentirlos.

Frutas como la sandía sin semillas, el melón o el pepino pueden ser premios refrescantes en días calurosos. Algunos trozos pequeños de zanahoria o manzana también suelen ser seguros y saludables. Lo importante es conocer la diferencia entre un mimo responsable y un riesgo innecesario.

Quizá una de las cosas más hermosas de convivir con perros sea justamente esa confianza absoluta que tienen en nosotros. Ellos no distinguen qué alimento es peligroso y cuál no. Si algo viene de nuestra mano, lo aceptan felices. Confían plenamente. Y esa confianza nos convierte en responsables de protegerlos, incluso de aquello que ellos no comprenden.

Porque amar a un perro no solo significa acariciarlo, pasearlo o jugar con él. También significa aprender. Informarse. Estar atentos a esos peligros invisibles que pueden esconderse en algo tan cotidiano como una cocina. A veces, un pequeño descuido puede transformarse en una emergencia. Pero también es cierto que un poco de conocimiento puede evitar muchísimo sufrimiento.

Al final, la mejor medicina siempre será la prevención. Guardar ciertos alimentos, leer etiquetas, educar a la familia y actuar rápido ante cualquier sospecha puede hacer una enorme diferencia. Y aunque quizá nuestros perros nunca entiendan por qué no les damos ese trozo de chocolate o ese puñado de uvas, sí seguirán mirándonos con la misma alegría de siempre, moviendo la cola con amor infinito, felices simplemente de estar cerca nuestro.

Porque para ellos, más importante que compartir nuestra comida, es compartir nuestra vida.🐶




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viernes, 25 de abril de 2025

Guía de Primeros Auxilios: Qué hacer antes de llegar al veterinario

La vida con un perro está llena de momentos felices. Está el sonido de sus patas corriendo hacia nosotros cuando llegamos a casa, la mirada sincera que parece entenderlo todo y esa compañía silenciosa que muchas veces vale más que mil palabras. 


Pero también hay momentos inesperados. Instantes en los que el corazón se acelera porque nuestro compañero se atraganta, se corta jugando, jadea desesperadamente bajo el calor o simplemente comienza a actuar de una manera extraña. Y en esos segundos de incertidumbre, mientras buscamos las llaves del auto o llamamos al veterinario, hay algo que puede marcar una gran diferencia: saber qué hacer antes de llegar a la clínica.

Los primeros auxilios para perros no reemplazan jamás la atención veterinaria, pero sí pueden salvar vidas, reducir el dolor y evitar que una situación empeore. Todo dueño debería tener al menos conocimientos básicos, porque los accidentes no avisan y porque amar a un perro también significa estar preparado para cuidarlo en los momentos difíciles.

ATRAGANTAMIENTO

Uno de los casos más comunes y aterradores es el atragantamiento. Los perros son curiosos por naturaleza. A veces comen demasiado rápido, juegan con objetos pequeños o intentan tragarse algo que no deberían. 

De repente comienzan a toser desesperadamente, se llevan las patas a la boca, babean en exceso o tienen dificultades para respirar. En esos momentos, mantener la calma es tan importante como actuar rápido. Si el perro aún puede toser, lo mejor es dejar que siga haciéndolo, porque muchas veces eso ayuda a expulsar el objeto. Pero si no puede respirar, si sus encías comienzan a ponerse azuladas o si pierde fuerza, hay que intervenir.

Abrir cuidadosamente su boca y revisar si el objeto está visible puede ayudar. Nunca debe introducirse la mano a ciegas, porque podríamos empujar el objeto más adentro o sufrir una mordida involuntaria. Si el objeto se ve claramente y puede retirarse con seguridad, hay que hacerlo con suavidad. 

En perros medianos o grandes, también puede aplicarse una maniobra similar a la de Heimlich, ejerciendo presión firme pero controlada debajo de las costillas para intentar expulsar aquello que obstruye la respiración. Después de cualquier episodio así, incluso si parece recuperado, el perro debe ser revisado por un veterinario, ya que pueden quedar lesiones internas o inflamación.

GOLPE DE CALOR

Otro enemigo silencioso, especialmente en zonas donde el calor aprieta fuerte durante buena parte del año, es el golpe de calor. Muchas personas no imaginan lo rápido que puede agravarse esta situación. Un perro jadeando bajo el sol puede pasar de estar incómodo a estar en peligro real en cuestión de minutos. Los perros no transpiran como nosotros; regulan su temperatura principalmente jadeando, y cuando el ambiente es demasiado caliente, su cuerpo simplemente no logra enfriarse.

Los signos suelen aparecer rápidamente: jadeo excesivo, lengua muy roja, debilidad, vómitos, tambaleos e incluso pérdida de conciencia. Lo primero es llevar al perro inmediatamente a un lugar fresco y sombreado. Hay que mojarlo con agua fresca —no helada— especialmente en el abdomen, las patas y el cuello. Muchas personas creen que el agua muy fría ayuda más, pero puede causar un shock térmico peligroso. También es útil usar un ventilador o abanicar suavemente para favorecer la evaporación y el enfriamiento. Mientras tanto, se debe acudir urgentemente al veterinario, porque aunque el perro parezca mejorar, los órganos internos pueden haber sufrido daños graves.

Y aquí vale hacer una pausa importante: nunca, jamás, hay que dejar a un perro dentro de un automóvil estacionado. Ni siquiera “por cinco minutos”. Ni siquiera con la ventana un poco abierta. El interior de un vehículo puede convertirse en un horno mortal en muy poco tiempo. Muchas tragedias ocurren porque alguien pensó que volvería rápido.

HERIDAS LEVES

Las heridas leves son otro motivo frecuente de preocupación. Un corte jugando, una uña rota, una pelea con otro perro o un accidente doméstico pueden terminar en sangrado y nerviosismo. Lo primero es observar la gravedad. Si la herida es superficial y el sangrado es leve, puede limpiarse con agua limpia o solución fisiológica. Luego se puede aplicar una gasa limpia haciendo una ligera presión para detener la sangre. Es importante evitar productos agresivos como alcohol puro o agua oxigenada en exceso, porque pueden irritar los tejidos y retrasar la cicatrización.

Los perros, además, suelen querer lamerse constantemente las heridas, y aunque su instinto les diga que eso ayuda, en realidad puede empeorar la lesión o provocar infecciones. Si es posible, conviene evitar que se laman usando un collar isabelino o manteniéndolos distraídos hasta llegar al veterinario. En heridas profundas, sangrados abundantes o mordidas, la consulta profesional debe ser inmediata.

OTROS CASOS

También existen situaciones menos visibles, pero igual de delicadas. A veces un perro comienza a temblar, caminar raro o mostrarse desorientado. Otras veces deja de comer, se esconde o simplemente ya no tiene la alegría habitual. Los perros hablan con su cuerpo, con sus ojos y con pequeños cambios en sus hábitos. Un dueño atento aprende a notar cuando algo no está bien incluso antes de que aparezcan síntomas graves.

Por eso, tener un pequeño botiquín de primeros auxilios para mascotas en casa es una idea sencilla pero muy útil. No hace falta algo sofisticado. Gasas, vendas, solución fisiológica, una pinza, un termómetro digital, guantes descartables y el número del veterinario pueden hacer una enorme diferencia en un momento de urgencia. También es importante conocer la ubicación de una clínica veterinaria de emergencia cercana, porque cuando ocurre un accidente, cada minuto cuenta.

Sin embargo, quizá la herramienta más importante de todas no se compra en ninguna farmacia: es la calma. Los perros perciben nuestras emociones. Cuando gritamos o entramos en pánico, ellos también se alteran más. Hablarles con suavidad, transmitir seguridad y actuar con serenidad ayuda muchísimo en momentos críticos. A veces una caricia tranquila puede darle más alivio a un perro asustado de lo que imaginamos.

La prevención también forma parte de los primeros auxilios. Mantener productos tóxicos fuera de su alcance, revisar los juguetes rotos, evitar paseos bajo temperaturas extremas y supervisar lo que comen son pequeños hábitos que pueden evitar grandes problemas. Muchas emergencias nacen de descuidos cotidianos que parecían inofensivos.

Y hay algo profundamente humano en todo esto. Quien tiene un perro sabe que no es “solo un animal”. Es familia. Es compañía en días difíciles, es alegría en medio del cansancio, es alguien que mueve la cola incluso cuando el mundo parece complicado. Por eso, cuando ellos nos necesitan, queremos responder de la mejor manera posible. Aprender primeros auxilios no es convertirse en veterinario; es demostrar amor de una forma práctica, responsable y consciente.

Porque en una emergencia no siempre tendremos tiempo de buscar información. A veces habrá solo unos segundos para reaccionar. Y en esos segundos, saber cómo actuar puede significar evitar sufrimiento, ganar tiempo valioso o incluso salvar una vida.

Nuestros perros confían en nosotros de manera absoluta. Confían cuando les servimos comida, cuando los llevamos de paseo, cuando apagamos la luz por la noche y también cuando sienten miedo o dolor. Ellos no entienden qué está ocurriendo, pero sí entienden quién está a su lado. Y allí estamos nosotros, intentando hacer lo correcto, aprendiendo, cuidando y amando.

Tal vez esa sea la esencia más hermosa de compartir la vida con un perro: descubrir que el amor también se demuestra estando preparados para protegerlos cuando más lo necesitan.🐶




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lunes, 9 de diciembre de 2013

Perro pulgoso

El problema de las pulgas muchas veces se hace casi imposible de superar. Normalmente se utilizan todo tipo de shampoo, talcos, spray, y cuantas otras cosas que nos venden en las veterinarias, que al final de cuentas, no sirven para mucho. 
Les damos algunas sugerencias. 
Si bien es interesante combatir a las pulgas con talcos y demás, eso no sirve cuando se deja de atacar la fuente de las mismas. Así es. Es muy posible que con un buen baño a tu perro mimoso estés eliminando todas las pulgas de tu perro, pero dejaste sin combatir la fuente, el lugar donde las mismas se ocultan antes siquiera que hayas procedido al ataque. 
De ese modo, podríamos decir que además de un buen año y todas las otras propuestas veterinarias que tengas, lo ideal es atacar también la "cucha" del perro, ese lugarcito donde el mismo duerme, allí donde tiene su cama y otras pertenencias, que son zonas especiales donde las pulgas se ocultan, justamente para no ser eliminadas. Las frazadas que utilizamos para que nuestro perro no tenga frío, al final es un lugar de residencia de las pulgas. 
Por ello, si quieres eliminarlas totalmente, debes buscar todos los flancos posibles, en especial esos lugarcitos que se hacen propensos para la guarida de estos bichos. 
Otra cuestión a tener siempre en cuenta es la vecindad. Cuidado con que mascotas del vecino tenga problemas de pulgas y estén cerca de la tuya. Esto significa un contagio inmediato.




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sábado, 9 de noviembre de 2013

Cuidado con la leishmaniasis

¿Qué es la leishmaniasis?

La leishmaniasis es una enfermedad infecciosa causada por un parásito conocido como Leishmania. 
La leishmaniasis (o leishmaniosis) es un conjunto de enfermedades zoonóticas y antroponóticas provocadas por protozoos del género Leishmania. Las manifestaciones clínicas de la enfermedad van desde úlceras cutáneas que cicatrizan espontáneamente, hasta formas fatales en las cuales se presenta inflamación grave del hígado y del bazo. La enfermedad es una zoonosis que afecta tanto a perros como a humanos. Sin embargo, es en los perros -dada la falta de cuidado- donde se manifiesta comúnmente.

        Por más raro que parezca, los animales silvestres como liebres, zarigüeyas, coatíes y jurumíes, entre otros, son portadores asintomáticos del parásito, por lo que se los considera animales reservorios.


         El agente se transmite al humano y a otros animales a través de la picadura de hembras de los flebotomos, un grupo de insectos chupadores de sangre pertenecientes a los géneros Phlebotomus del Viejo Mundo, (Europa, África y Asia) y Lutzomyia en América, de la familia Psychodidae.

      En Colombia, en ciertas regiones, este tipo de insectos es más conocido como palomilla. En las zonas tropicales de Ecuador se lo conoce como "arenillas".

Síntomas

La enfermedad presenta diversas formas, siendo la leishmaniasis cutánea la variante más frecuente. Sus síntomas, como ya indicamos más arriba, son úlceras en la piel de la cara, los brazos y las piernas, que pueden dejar cicatrices permanentes. La leishmaniasis visceral es la forma más grave de la enfermedad, siendo mortal casi en la totalidad de los casos si el enfermo no recibe el tratamiento adecuado. Los síntomas de esta variante incluyen accesos de fiebre, pigmentación de la piel, pérdida de peso y alteración de los componentes sanguíneos.
Hay que decir que en los perros la Leishmania invade diferentes órganos del mismo y de otros mamíferos como las liebres, provocando lesiones de diversa consideración, hasta producirse la muerte de nuestra mascota. La sintomatología clínica es muy variada, pero cabe destacar lesiones en la piel, en las articulaciones y, cuando la enfermedad está ya bastante avanzada, problemas a nivel renal. El parásito se transmite a través de los jejenes. Cuando el jején pica al animal, le transmite la enfermedad con la Leishmania que inocula por medio de la picadura.
A diferencia de los mosquitos a los que estamos acostumbrados a ver, el jején es mucho más pequeño. No es nada fácil verlo, y tampoco oírlo, dado que no hace el típico zumbido al volar. Solamente pican las hembras, que necesitan sangre para desarrollar los huevos. Los machos se alimentan de azúcares y plantas.
La picadura del jején transmite la enfermedad sólo si previamente había picado a otro animal ya infectado. Esto es muy importante, dado que se debe controlar la epidemia.
Los perros y otros mamíferos infectados no transmiten directamente la leishmaniosis a las personas, sino tras el vector alado, el jején. El reservorio habitual es el perro, pero para que la enfermedad se trasmita es imprescindible la participación del vector (mosquito flebotomo). Los perros no contagian la enfermedad directamente a otros animales ni a las personas, por ninguna vía.
La leishmaniasis no se puede curar, de momento, sólo tratar los síntomas y mantenerla a raya, si bien es importante diagnosticar la enfermedad lo antes posible. Actualmente ya existe una vacuna contra la leishmaniasis. El riesgo de contraer esta enfermedad se da principalmente en los países de la cuenca mediterránea y en América Latina, siendo las épocas de más riesgo las de mayor calor.
Es importante hacer un diagnóstico diferencial, que nunca sale certero debido a que hay enfermedades como schistosomiasis, brucelosis, malaria, hepatitis viral, histoplasmosis sistémica, tuberculosis, paracoccidioidomicosis diseminada, leucemia, linfoma, entre otras, pueden cursar con una clínica similar a la leishmaniasis visceral.

Prevención 

Ningún fármaco ni vacuna se ha mostrado eficaz en la prevención de la enfermedad, por lo que es necesario utilizar otras medidas preventivas. Es importante evitar estar al aire libre en las horas de máxima actividad de la mosca de la arena, es decir, entre el anochecer y el amanecer. Si se sale al exterior en estas horas, habrá que intentar cubrir la mayor parte del cuerpo con ropa. En las zonas descubiertas se deben aplicar repelentes con N,N- dietilmetiltoluamida. También es recomendable el aislamiento de la cama con mosquiteros tupidos impregnados de permetrina.

Organización Mundial de la Salud

Según la OMS afecta a unos 12 millones de personas repartidos en 88 países del mundo.


Artículo publicado en ABC Color

El protozoo que causa la leishmaniasis fue descrito en 1903 por Leishman, Donovan y Wright, a partir de biopsias de enfermos de la India. En el Paraguay, fue descrito por primera vez en el año 1911, por el Prof. Dr. Luis Migone, en Asunción, en necropsia de un paciente oriundo del municipio de Boa Esperanza, Mato Grosso, Brasil. 
El primer caso autóctono fue descrito en el año 1945, en Asunción, por nuestro querido y recordado Prof. Dr. Juan Boggino y Dr. L. Mass. 
El primer caso conocido y diagnosticado de leishmaniasis canina fue descrito en Túnez en el año 1908 por los doctores Nicolle y Comte, quienes encontraron los parásitos en perros. 

DIAGNOSTICO 
Un punto clave para el control es establecer el diagnóstico con la mayor precocidad posible, incluso antes de que se presenten los síntomas, y los estudios a realizar son: Correcta historia clínica, exploración física completa; Análisis laboratoriales inespecíficos (hematología y bioquímica clínica); Establecer valoración clínica, determinar el estado general y grado de afección orgánica (especialmente hepática y renal); Test inmunológico específico que confiere o descarte el diagnóstico clínico de presunción y establecer un pronóstico. 
En los casos compatibles con la enfermedad, se utiliza el método laboratorial de la inmunocromatografía (antígeno recombinante rk 39) y Elisa Leishmania. Test para la detección de anticuerpos de LV en suero obtenido por venipunción, de altísima especificidad. 
Acorde a las posibilidades de nuestras clínicas y factores económicos, las muestras de afecciones cutáneas deben ser efectuadas a partir de lesiones activas de la piel o mucosas, por el método biopsia-bisturí, hasta alcanzar la dermis y proceder al raspado. 

CRITERIOS EN CUANTO AL CONTROL Y CUIDADO DEL ANIMAL ENFERMO 
Son factores decisivos: El grado de colaboración y responsabilidad del propietario. 
La existencia de un excesivo temor, por parte de los propietarios, al proceso que está padeciendo su perro. 
En principio, el único factor que por sí solo aconsejaría el sacrificio del perro positivo lo constituye la falta de colaboración y responsabilidad del propietario.


TRATAMIENTO FARMACOLOGICO 
El tratamiento farmacológico es una medida alternativa a la eutanasia del animal infectado en el enfoque del control de la leishmaniasis visceral canina. 
La Organización Mundial de la Salud recomienda el sacrificio de los perros infectados por L. Infantum, pero a la vez reconoce lo difícil de llevar a cabo esta medida en países con alta sensibilidad hacia los animales. 
La eliminación de los perros vagabundos infectados parece indiscutible, por lo menos desde el terreno teórico, porque de todos los perros existentes en nuestro país, cuantos están sin ningún control. 
La paradoja radica en cómo recomendarles a los propietarios preocupados por la salud de su mascota de compañía sobre la necesidad del sacrificio, cuando las administraciones del Estado son incapaces tan siquiera de controlar los perros vagabundos, muchos de los cuales están infectados y otros son asintomáticos. 
La lucha contra la leishmaniasis va más allá del sacrificio de los perros seropositivos; la lucha supone una visión integral del problema en sus vertientes de control de vectores, reservorios, educación sanitaria, desarrollo de métodos diagnósticos, caracterización de cepas, tratamiento precoz de los enfermos y profilaxis con vacunas existentes a disposición. Mientras tanto, se justifica buscar otras alternativas a la eutanasia. 

TRANSMISION A HUMANOS
A la luz de los conocimientos actuales, no se demuestra que la infección humana y canina haya variado con el sacrificio de animales seropositivos. Varios estudios concluyen que no existe relación entre infección humana y la prevalencia de leishmaniasis visceral canina, demostrando que el fenómeno de transmisión a los humanos está más ligado a otros factores de riesgo, como ser la antropofilia del vector, la edad y el estado inmunológico de las personas. 
Los resultados obtenidos en diversos estudios realizados demuestran la tendencia de una cura clínica y parasicológica después del tratamiento. 
El tratamiento presenta fuertes limitaciones por la ausencia de un protocolo terapéutico definitivo y acceso a los fármacos a ser utilizados (antimonio pentavalente). 
Existe una gama extraordinaria de esquemas terapéuticos sin criterios homogéneos, muchos de ellos empíricos y otros a dosis subletales. El precio de los medicamentos y la disciplina en la aplicación de las dosis, seguido de los controles subsiguientes, hace que muchos propietarios abandonen el tratamiento antes de completarlo. 
Mientras, se está creando una situación no menos grave que es la exposición progresiva a antimoniales en forma de ciclos con el peligro de desarrollar clones de leishmania resistentes tanto in vitro como in vivo. Hay protocolos que administran ciclos periódicos para proteger a los pacientes de las recaídas, lo que también favorece la selección de resistencias. 

PARA CONTROLAR SE 
DEBE TENER UN PROGRAMA
Es de suma importancia determinar la correlación entre los valores bioquímicos plasmáticos, la fase de la enfermedad, la curación clínica, la carga parasitológica y la capacidad de infección a los flebótomos por parte del hospedador tratado. 
En el ser humano, se sospecha que tampoco ocurre la curación parasitólogica y que el tratamiento sólo coadyuva con la respuesta inmune celular reduciendo la carga de leishmania. 
Los amastigotes residuales quedan bajo presión inmunológica, probablemente en multiplicación lenta en órganos en los que el sistema inmune no tiene fácil acceso. 
En estas circunstancias, los valores plasmáticos se normalizan y el título de anticuerpos anti–leishmania se reduce. 
En la medida que las leishmaniasis afecten a los más desfavorecidos, su control será más difícil y el circulo vicioso pobreza-enfermedad se perpetúa de forma paradigmática en las leishmaniasis. 
La solución pasa por el cumplimiento estricto de un programa de control y erradicación de la enfermedad por los organismos expertos en salud pública y medicina veterinaria.
Fuente: http://archivo.abc.com.py/suplementos/rural/articulos.php?pid=532266


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