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lunes, 26 de octubre de 2026

Qué sueñan los perros

¿Qué sueñan los perros cuando duermen? El fascinante mundo de sus sueños

Hay algo profundamente conmovedor en observar a un perro mientras duerme. Después de una jornada de paseos, juegos y descubrimientos, encuentra su rincón favorito, acomoda el cuerpo sobre su cama y cierra los ojos con la tranquilidad de quien se siente protegido. La casa recupera el silencio y, por unos instantes, parece que nada más importa. Pero, de pronto, sus patas comienzan a moverse, sus orejas tiemblan ligeramente y un pequeño sonido escapa de su hocico. ¿Qué estará sucediendo detrás de esos párpados cerrados? ¿Estará corriendo por un campo, persiguiendo una pelota o recorriendo los caminos que descubrió durante el día?

Quienes convivimos con perros hemos presenciado alguna vez una escena semejante. Y aunque no podemos preguntarles qué han visto mientras dormían, la ciencia nos ofrece razones fascinantes para pensar que también sueñan. Su cerebro atraviesa diferentes fases del sueño, participa en procesos relacionados con la memoria y el aprendizaje, y presenta patrones de actividad que guardan semejanzas con los observados en otros mamíferos. Todavía desconocemos el contenido exacto de sus experiencias nocturnas, pero sabemos que dormir es mucho más que cerrar los ojos y dejar pasar las horas.

Comprender el sueño canino nos permite conocer mejor a nuestros compañeros, respetar sus necesidades y descubrir aspectos de su comportamiento que suelen pasar inadvertidos. También nos recuerda que, incluso después de compartir muchos años con un perro, existe una parte de su mundo interior que no podemos conocer por completo. Tal vez esa sea una de las razones por las que nunca dejamos de sentir curiosidad por ellos: nos acompañan en nuestra vida cotidiana, pero conservan una forma propia de experimentar el mundo.

1. ¿Los perros realmente sueñan?

La ciencia considera muy probable que los perros sueñen. Aunque no pueden describir sus experiencias al despertar, los investigadores han estudiado la actividad cerebral de distintos mamíferos durante el descanso y han identificado patrones compatibles con los procesos que asociamos con los sueños. Esta evidencia permite pensar que los perros también pueden experimentar actividad mental durante el sueño, aunque no podamos saber exactamente qué perciben ni cómo se sienten mientras duermen.

Para comprenderlo, primero debemos recordar que el cerebro no se apaga cuando nos dormimos. Al contrario, continúa trabajando en procesos fundamentales para el organismo, entre ellos la regulación de diversas funciones, la recuperación y la consolidación de determinados aprendizajes. El sueño es una actividad biológica compleja que contribuye al bienestar físico y mental, tanto en las personas como en los animales.

Una de las etapas más interesantes es el sueño REM, denominado así por los movimientos oculares rápidos que lo caracterizan. Durante esta fase, el cerebro presenta una actividad particular y pueden aparecer pequeños movimientos de las patas, los bigotes o las orejas. En los seres humanos, el sueño REM se relaciona con experiencias oníricas especialmente vívidas; en los perros, constituye una de las razones por las que los científicos consideran probable que también sueñen.

Sin embargo, debemos distinguir entre una conclusión razonable y una certeza que todavía no poseemos. Podemos afirmar que los perros tienen fases de sueño comparables, en algunos aspectos, a las de otros mamíferos y que existen buenos motivos para pensar que sueñan. Lo que no podemos hacer es asegurar que están reviviendo una escena específica simplemente porque mueven las patas o emiten un sonido.

Este límite no le resta belleza al fenómeno. Al contrario, nos invita a contemplar el descanso canino con curiosidad y respeto, comprendiendo que todavía hay mucho por descubrir acerca de la experiencia subjetiva de los animales que comparten nuestra vida.

2. Cuando sus patas se mueven, ¿está corriendo en sus sueños?

Pocas escenas resultan tan tiernas como la de un perro dormido que parece correr sin abandonar su cama. Sus patas se agitan suavemente, el hocico se mueve y, en ocasiones, la cola realiza pequeños gestos. Para nosotros, la imagen parece contar una historia: quizá persigue una pelota, atraviesa un jardín o juega con otro perro. Nuestra imaginación completa fácilmente aquello que la ciencia todavía no puede confirmar.

Estos movimientos pueden producirse durante el sueño debido a la actividad del sistema nervioso. En determinadas fases, especialmente durante el sueño REM, el cerebro permanece activo mientras mecanismos neurológicos reducen normalmente la ejecución de los movimientos musculares propios de la vigilia. Esa inhibición no elimina toda actividad muscular, por lo que pueden aparecer pequeñas contracciones o sacudidas involuntarias.

Cuando observamos a nuestro perro mover las patas mientras duerme, es posible que esté atravesando una fase relacionada con los sueños. Sin embargo, no podemos deducir el contenido de su experiencia a partir de esos movimientos. El hecho de que parezca correr no demuestra que esté persiguiendo algo, del mismo modo que un pequeño gemido no nos permite concluir que esté viviendo una experiencia desagradable.

Lo importante es prestar atención al comportamiento general. Si el perro está relajado, respira con normalidad y presenta movimientos breves e intermitentes, generalmente no hay motivo para alarmarse. En cambio, si los movimientos son intensos o prolongados, aparecen acompañados de rigidez marcada, dificultad respiratoria o falta de respuesta, es necesario consultar con un veterinario. Algunos episodios que parecen sueños pueden corresponder a problemas neurológicos u otras alteraciones que requieren evaluación profesional.

Conocer los hábitos de nuestro compañero nos ayuda a distinguir lo habitual de aquello que merece atención. Observarlo con serenidad, sin interrumpir innecesariamente su descanso, es una forma sencilla de cuidarlo.

3. ¿Sueñan con sus dueños, sus juegos y sus aventuras?

Esta es una de las preguntas que más despiertan nuestra imaginación. Cuando un perro duerme cerca de nosotros, resulta natural preguntarse si nuestra presencia también forma parte de sus sueños. ¿Volverá a escuchar nuestra voz? ¿Recordará el paseo de la mañana? ¿Podría experimentar de alguna manera la emoción de jugar con su familia?

No podemos responder afirmativamente como si conociéramos el contenido de su mente, pero sí sabemos que los perros aprenden de sus experiencias y que el sueño participa en procesos relacionados con la memoria. A lo largo del día, reciben información mediante sus sentidos, reconocen olores, identifican sonidos familiares, observan movimientos y establecen asociaciones que les ayudan a desenvolverse en su entorno.

Las investigaciones sobre el sueño en mamíferos han mostrado que el descanso contribuye a consolidar determinados recuerdos. En los perros también se ha estudiado la relación entre el sueño y el aprendizaje de tareas, lo que demuestra que dormir adecuadamente forma parte de los procesos que permiten aprovechar las experiencias vividas.

Imaginemos a un cachorro que pasa la tarde descubriendo el jardín, jugando con una pelota y aprendiendo a responder a una nueva indicación. Al caer la noche, se acomoda en su cama y queda profundamente dormido. Si sus patas comienzan a moverse, podemos imaginarlo persiguiendo aquella pelota entre las plantas. Es una escena entrañable, aunque no tengamos forma de confirmar que eso sea lo que está ocurriendo.

Lo verdaderamente importante es comprender que las experiencias cotidianas influyen en su aprendizaje y bienestar. Los paseos adecuados, los juegos, la exploración segura y las interacciones positivas contribuyen a enriquecer su vida. No necesitamos conocer el argumento de sus sueños para ofrecerle días llenos de estímulos saludables y noches de descanso tranquilo.

Quizá nunca sepamos si sueña con la persona que lo alimenta, con quien lo acompaña durante sus paseos o con el niño que juega con él cada tarde. Pero podemos reconocer que esos vínculos forman parte de su vida despierta y que nuestra responsabilidad consiste en procurar que sean experiencias seguras, respetuosas y positivas.

4. Dormir también es una forma de crecer, aprender y recuperarse

A veces pensamos que un perro feliz es aquel que corre, juega y permanece cerca de nosotros durante todo el día. Sin embargo, el bienestar canino también necesita momentos de tranquilidad. El sueño permite que el organismo desarrolle procesos esenciales para la recuperación física, la regulación de distintas funciones y el procesamiento de información.

Un perro que no descansa lo suficiente puede mostrarse más irritable, inquieto o distraído. También puede tener mayores dificultades para adaptarse a determinadas experiencias o aprender durante sus actividades cotidianas. Por eso, mantenerlo constantemente ocupado no es necesariamente una buena forma de cuidarlo. El ejercicio y la estimulación mental son importantes, pero deben alternarse con períodos adecuados de reposo.

Esta necesidad resulta especialmente evidente en los cachorros. Durante sus primeros meses de vida, todo es nuevo: los sonidos de la casa, las personas que llegan, los olores del jardín y las experiencias que encuentra durante los paseos. Su organismo atraviesa una etapa de crecimiento intenso y necesita descansar entre los períodos de actividad.

Los perros adultos también requieren un equilibrio entre movimiento y descanso. Un paseo en el que puedan olfatear, explorar y desplazarse de acuerdo con su condición física puede ser tan valioso como disponer después de un lugar tranquilo donde dormir. No se trata de cansarlos hasta que caigan rendidos, sino de satisfacer sus necesidades de actividad sin privarlos de la recuperación que necesitan.

En consecuencia, el descanso merece tanta atención como la alimentación, el agua y la actividad física. Un hogar que respeta las horas de sueño del perro le ofrece una condición esencial para disfrutar de una vida saludable.

5. ¿Cuántas horas necesita dormir un perro?

Las necesidades de sueño cambian según la edad, el estado de salud, el nivel de actividad y las características individuales. Muchos perros adultos duermen aproximadamente entre doce y catorce horas al día, aunque algunos necesitan más o menos. Además, suelen repartir ese tiempo entre el descanso nocturno y varias siestas durante la jornada.

Los cachorros pueden dormir entre dieciocho y veinte horas diarias, especialmente durante las primeras etapas de su desarrollo. No debemos interpretar ese descanso prolongado como pereza ni mantenerlos despiertos para que se acostumbren a la actividad. Lo adecuado es permitirles alternar períodos de juego y aprendizaje con oportunidades suficientes para dormir sin interrupciones innecesarias.

Los perros mayores también pueden necesitar más descanso, aunque los cambios importantes en sus hábitos merecen atención. Si un animal que siempre ha sido activo comienza a dormir mucho más, parece cansado incluso después de descansar o tiene dificultades para acomodarse, conviene consultar con un veterinario. El dolor, algunas enfermedades y los cambios cognitivos pueden alterar el sueño.

Estas cifras son orientativas y no deben convertirse en objetivos rígidos. Lo más útil es conocer el patrón habitual de nuestro perro y observar cómo se comporta cuando está despierto. Un animal que descansa bien suele conservar un nivel de energía acorde con su edad y condición física, mientras que los cambios repentinos pueden indicar que algo necesita ser evaluado.

6. ¿Debemos despertar a un perro que parece tener una pesadilla?

Cuando nuestro compañero gime o se mueve mientras duerme, es natural querer despertarlo para comprobar que está bien. Sin embargo, si los movimientos son leves y su respiración parece normal, generalmente es preferible observarlo sin intervenir. No podemos saber si está teniendo una pesadilla simplemente porque emite sonidos o mueve las patas, pues esos comportamientos también pueden formar parte de la actividad normal del sueño.

Despertar bruscamente a un perro puede sobresaltarlo. Durante los primeros instantes, podría sentirse desorientado y reaccionar de manera involuntaria, incluso si normalmente es muy tranquilo y afectuoso. Por eso, evita sacudirlo, sujetarlo con fuerza o acercar repentinamente las manos a su hocico mientras duerme profundamente.

Si necesitas comprobar su estado, puedes observarlo desde una distancia prudente y hablarle suavemente. Si despierta por sí solo, dale unos momentos para orientarse antes de acariciarlo o invitarlo a levantarse.

Hay situaciones que sí requieren atención. Los movimientos violentos o prolongados, la rigidez marcada, la falta de respuesta, la desorientación intensa o las dificultades respiratorias pueden indicar un problema distinto de un sueño habitual. Si sospechas que está sufriendo una convulsión o presenta problemas para respirar, busca atención veterinaria urgente.

La mejor manera de protegerlo no consiste en intervenir ante cada movimiento, sino en conocer su comportamiento normal y actuar cuando aparecen señales que justifican una evaluación profesional.

7. Cómo preparar el lugar perfecto para sus sueños

El descanso de un perro depende también de las condiciones del ambiente. Un lugar cómodo, tranquilo y seguro le permite relajarse sin permanecer constantemente alerta. Su cama debe tener un tamaño apropiado, facilitar los cambios de posición y encontrarse en un espacio donde no sea molestado de forma continua.

En Paraguay, donde el calor puede ser intenso durante buena parte del año, es especialmente importante mantener un ambiente fresco y bien ventilado. El perro debe disponer de agua limpia, sombra y un lugar donde descansar lejos de superficies excesivamente calientes. Durante las jornadas de altas temperaturas, conviene ajustar los paseos y las actividades físicas para evitar las horas más calurosas.

La rutina también desempeña un papel importante. Mantener horarios relativamente previsibles para comer, pasear, jugar y descansar puede ayudar al perro a organizar su jornada. Antes de dormir, una actividad tranquila puede favorecer la relajación, siempre que se hayan atendido previamente sus necesidades de movimiento y exploración.

Si hay niños en casa, es importante enseñarles a respetar el espacio del perro cuando duerme. No deben subirse a su cama, tirar de sus orejas ni despertarlo mediante gritos o movimientos bruscos. Además de favorecer el descanso, estas precauciones ayudan a prevenir sobresaltos y situaciones de riesgo.

Los perros mayores o aquellos que tienen dificultades para moverse pueden necesitar una cama que les permita acostarse y levantarse con facilidad. Pequeños cambios en el entorno, junto con la atención veterinaria cuando corresponda, pueden mejorar notablemente su comodidad.

8. Lo que los sueños nos enseñan sobre el mundo interior de los perros

Aunque hemos aprendido mucho sobre el cerebro y el comportamiento canino, todavía existen preguntas sin respuesta acerca de la experiencia subjetiva de los animales. Podemos estudiar su actividad cerebral, observar sus movimientos y analizar cómo aprenden, pero no podemos conocer directamente todo lo que experimentan mientras duermen.

Esta limitación nos invita a mantener una actitud de curiosidad y respeto. A veces atribuimos a nuestros perros pensamientos o emociones que no podemos demostrar, aunque esas interpretaciones nazcan del cariño. Comprenderlos mejor significa distinguir entre lo que observamos, lo que la investigación permite sostener y lo que imaginamos.

Los perros tienen formas particulares de percibir su entorno, especialmente mediante el olfato, y construyen aprendizajes a partir de sus experiencias. No necesitan experimentar el mundo exactamente como nosotros para merecer nuestra atención y nuestro respeto. Son animales con capacidades, necesidades y formas propias de relacionarse con quienes los rodean.

Cuando observamos a un perro dormido, quizá nunca sepamos si está recordando un juego o si sus movimientos corresponden a una experiencia onírica concreta. Pero sí podemos comprender que el descanso forma parte de su bienestar y que una vida enriquecedora, segura y saludable es nuestra responsabilidad.

Un misterio que merece ser respetado

Hay algo especial en contemplar a un perro que duerme tranquilo después de un día compartido. Tal vez sus patas se muevan como si recorriera un campo abierto; quizá emita un pequeño sonido o permanezca inmóvil, respirando serenamente. No podemos saber con certeza qué sucede en su mundo interior, pero podemos reconocer la importancia de ese descanso y el privilegio de convivir con un ser que deposita su confianza en nosotros.

Quizá nunca descubramos si sueña con una pelota, con el aroma del jardín o con la persona que lo recibe cada tarde al regresar a casa. Lo que sí podemos hacer es ofrecerle experiencias saludables, respetar sus horas de sueño, cuidar su salud y procurar que tenga un lugar donde se sienta protegido.

Los perros nos acompañan mediante pequeños gestos cotidianos: una mirada al llegar a casa, una cola que se mueve al escuchar nuestra voz, un paseo compartido o la tranquilidad con la que se acomodan cerca de nosotros. Cuidar ese vínculo también significa comprender que no siempre necesitan jugar o recibir atención. A veces, lo que más necesitan es descansar sin miedo y saber que están en un lugar seguro.

Porque amar a los perros también significa respetar sus misterios, cuidar sus silencios y procurar que cada día de su vida sea una oportunidad para sentirse bien.


PM


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